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"Crísis y Políticas Fiscales" Julian Carretero
España necesita una nueva concepción y estructura de la fiscalidad, acorde con el momento que estamos viviendo y alejada de los planteamientos que han abocado a la situación actual.
Que la actual crisis económica de orden internacional obedece a una crisis del sistema es una evidente obviedad a estas alturas. Igualmente que sus causas fundamentales, muy centradas en los excesos y abusos financieros, la desregulación absoluta, el mercado como «santa sanctórum» y la ficción muy adictiva generada por un inmenso complejo de ricos. Un largo etcétera de características que han ido desterrando del primer mundo los viejos valores colectivos de solidaridad e igualdad, incluso los individuales, tradicionalmente ligados a la emancipación de la persona, como son los relacionados con el esfuerzo, el trabajo y lo bien hecho.
Con todo esto, no puede seguir eludiéndose por más tiempo la necesidad de introducir cambios profundos para encontrar un nuevo orden económico y social; lo que hasta hace sólo unos pocos meses era defendido curiosamente también, desde los foros impulsores en su día y más comprometidos con las ideas y fundamentos neoliberales.
Pero si esto no se hace desde un profundo convencimiento sustentado sobre bases ideológicas sólidas y un fuerte liderazgo social, el resultado puede ser desolador, al encontrarnos en el barco de siempre, sin cambio de rumbo y a lo más con una ligera capa de barniz, pensada más para camuflarlo, que para afrontar una larga travesía en el tiempo y hacia otros horizontes con objetivos de más cohesión.
Es en este contexto que nadie se lleve a errores. No se puede mantener una política fiscal en España como la actual, diseñada en el culmen expansivo del ciclo y bajo una concepción ultra liberal de la economía, pensada para recalentar la demanda interna, a cualquier precio y como motor de un empleo muy intensivo, pero de pésima calidad y estabilidad. Una política fiscal, la vigente, también reflejo fiel de este sistema fracasado.
España necesita una nueva concepción y estructura de la fiscalidad, acorde con el momento que estamos viviendo y alejada de los planteamientos que han abocado a la situación actual. No puede ser más de lo mismo simplemente con un ligero toque de azúcar. Zapatero comete un error gravísimo planteando estos temas de manera timorata, sin convencimiento, sin liderazgo y aisladamente del resto de elementos sustento de la política económica.
Es irrisorio el argumento dado para justificar el incremento de la presión fiscal, más entroncado con una concepción caritativa de la solidaridad que con las verdaderas necesidades de la ciudadanía y del país para salir de la crisis y afrontar el futuro. Y es peligroso estimular el enfrentismo entre los que pagan más o menos impuestos en un país con una fiscalidad directa de las más bajas de la Unión Europea y a la vez con mayores facilidades para eludir, por la vía de la economía sumergida o por la de las sucesivas concesiones realizadas desde los distintos gobiernos, incluido el actual, a las rentas del capital, patrimoniales, de grandes fortunas y altas plusvalías, etc.
Un país que puede llegar a fin de año a casi cinco millones de parados necesita incrementar sustancialmente los ingresos, para contener el déficit y realizar políticas públicas encaminadas por un lado a impedir la exclusión social y por otro a estimular la actividad económica, con un nuevo modelo productivo que tenga al empleo de calidad y duradero como verdadero estandarte.
Salir de la crisis y sin costes políticos, económicos y sociales hay que convencerse que no es posible. Tampoco valen las recetas de siempre. Es necesario dar seguridad a la ciudadanía, con proyecto ideológico y político de globalidad, con gestión eficaz y consecuente. Y si el consenso no es posible en términos parlamentarios de manera generalizada y mayoritaria, plantéese valientemente a la sociedad.
Julian Carretero Castro.
S.G. de CCOO de Extremadura
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